Título: Nadie es más de aquí que tú
Título original: No One Belongs Here More Than You
Autora: Miranda July (1974-)
Año: 2007
Traductora: Silvia Barbero Marchena
Editorial: Seix-Barral
Páginas: 218
 
Valoración: 3 /10
 
 

Miranda July es directora de cine, escritora y artista de performances. Dicho de otra forma, es una de esas personas que se sienten tan Artistas que necesitan tocar todos los campos, y además están convencidas de poseer una sensibilidad especial que garantizará la calidad de los resultados. Cierto es que en el caso de esta mujer, a juzgar por las críticas que reciben sus trabajos, no es la única que lo piensa. Pero en mi opinión, Miranda July mete todas las artes en el mismo saco y, utilizando medios distintos, ofrece las mismas banalidades.

Ya no recuerdo todas las cosas terriblemente originales que se decían y sucedían en su película Tú, yo y todos los demás, pero en los cuentos de Nadie es más de aquí que tú, los protagonistas, todos femeninos (menos uno, creo), hacen cosas como (son sólo unos pocos ejemplos): apoyar la cabeza y dormirse sobre el hombro de un hombre que acaba de sufrir  un ataque epiléptico; abrazar en diversas situaciones y con todas sus fuerzas a otra mujer sin casi mediar palabra; esconderse debajo de un escalón para imaginar a su amiga/amante cenando con… no me acuerdo, ¿qué más da?; tumbarse en el suelo boca abajo, presionando los labios contra la alfombra y cantar una canción; o, en el caso de una profesora, apoyar la cara en la pizarra y quedarse así unos minutos, para después escribir la palabra «Paz».

Sí, es así. ¿Creen que intento pintarlo más ridículo de lo que es? Pues ahí van unas líneas extraídas tal cual:

«Cuando se fue, me quedé de pie en medio del salón y decidí que estaba bien eso de quedarme allí durante todo el tiempo que quisiera. Pensé que tal vez me aburriría, pero no me aburrí, sino que sólo conseguí ponerme peor. Seguía agarrando el paño del polvo, y supe que si lo dejaba caer, sería capaz de moverme de nuevo. Pero mi mano estaba modelada para agarrar ese paño sucio de por vida.» (p. 155)

Estos momentos aparentemente intrascendentes esconden, seguramente, las claves para entender los cuentos o, al menos, el estado anímico de los personajes. Es sólo que (mea culpa, sin duda) carezco de la sensibilidad necesaria para captar esos detalles; me quedo en la superficie, sabe usted, y como no logro ver más que a una panoli sujetando un trapo en mitad del salón, pues, en el mejor de los casos, me aburro como una ostra, y, en el peor, me pongo de los nervios y me dan ganas de cerrar el libro para no abrirlo nunca más; pero no lo hago porque, invertido ya un buen rato en él, no quiero privarme de vapulearlo, y siempre hay alguien dispuesto a echarte en cara que te tomes la libertad de criticar un libro sin haberlo leído entero. (Una duda sobre esto último: ¿En un libro de doscientas páginas, pongamos por caso, pueden las cien últimas convertir en interesantes las cien primeras?)

Para terminar, unos cuantos datos intrascendentes pero llamativos: “Coño”s sólo aparecen dos, pero bien acompañados por cinco “vagina”s; “Polla”s tenemos hasta seis en este libro (contando con un “lamepollas”, término poco habitual por estos lares; ¿qué tenía la traductora contra “chupapollas”?); pero “Follar” se folla mucho, hasta catorce veces en diferentes formas (follando, follármelo, folló, follado, follón… vale, esta la he colado para hacer bulto). Raro es el cuento que no tiene su escenita sexual. ¿Y qué tengo en contra? Nada. Soy partidario de escribir sin remilgos. ¿De qué sirve evitar el uso de este tipo de expresiones? ¿Acaso no se usan en la realidad? Yo no suelo utilizarlas, para qué les voy a engañar, pero casi todo el mundo lo hace. Y no hay problema. Pero cuando me encuentro con un escritor que recurre a ellas de forma continuada, me pregunto si no será él quien tiene algún complejo extraño que lo inhabilita para escribir una historia sin contenido sexual. Ya no sin contenido sexual, sino, simplemente, sin términos vulgares.

Pese a todo, concedámosle una cosa a la señorita July: Tiene un sentido del humor que hace llevadera la lectura. Pero es lo único que puedo decir a su favor, y no quiero que ocupe más de tres líneas.
 
Valoración de cada relato:
 

  1. El patio común: 4
  2. El equipo de natación: 6
  3. Majestad: 6
  4. Un hombre en la escalera: 3
  5. La hermana: 5
  6. Esa persona: 6
  7. Fue un gesto romántico: 4
  8. Algo que no necesita nada: 5
  9. Beso una puerta: 2
  10. El niño de Lam Kien: 7
  11. Haciendo el amor en 2003: 1
  12. Diez verdades: 2
  13. Los movimientos: 0
  14. Mon plaisir: 4
  15. La marca de nacimiento: 2
  16. El arte de contar historias a los niños: 3