Título: En la juventud está el placer
Título original: In Youth is Pleasure
Autor: Denton Welch (1915-1948)
Año: 1945
Traductor: Albert Fuentes
Editorial: Alpha Decay
Páginas: 225
 
Valoración: 5 /10
 
 
 

Denton Welch es uno de esos escritores cuya biografía sienta una base magnífica para convertirse en autor de culto. A los veinte años fue atropellado por un coche cuando circulaba en bicicleta. Aunque este accidente no lo dejó paralítico, le provocó secuelas graves que, a la postre, derivaron en una tuberculosis que acabó con él cuando tenía solo 33 años. Y fue durante ese lapso de trece años cuando escribió, entre otros libros, A Maiden Voyage, In Youth is Pleasure y A Voice Through a Cloud; algo así como unas memorias noveladas.

Pese a que su obra ha sido alabada por escritores importantes, Denton Welch sigue siendo un desconocido para el gran público. No diré que no se merezca un poco más de fama (sobre todo habiendo leído sólo una de sus novelas), pero me temo que a los críticos les gusta demasiado dárselas de entendidos y marcar las distancias con el lector común; y nada mejor que alabar a un escritor de este tipo, sabiendo que todos los elogios del mundo no conseguirán que deje de ser minoritario. (Algo así como cantar las excelencias de un club exclusivo al que uno pertenece, con la tranquilidad de saber que ese club ya no acepta a nuevos socios).

Orvil Pym es un chico de quince años que se dispone a pasar el verano en un hotel de la campiña inglesa con su padre y sus dos hermanos mayores. Un verano que dedicará a buscar lugares donde estar solo y, a ser posible, en plena naturaleza. Algunos verán en el personaje de Orvil a un alma extremadamente sensible (estos son los que quizá disfruten con el libro), y otros verán, simplemente, a un chaval extremadamente infantil y un tanto… rarito (estos son los que tendrán que pelear con el sueño para no irse de bruces contra el libro).

El verano de Orvil Pym recuerda en muchos aspectos a los tres días que Holden Caulfield pasa en Nueva York sin atreverse a pisar su casa: tenemos a un adolescente de 15/17 años deambulando por el campo/la ciudad, recién salido de una escuela que aborrece y en la que no logra encajar (ni en esa ni en ninguna, en realidad); tenemos una ausencia presente todo el tiempo (madre/hermano), que tiñe de nostalgia el relato y reviste de profundidad casi todos los recuerdos aparentemente intrascendentes del chico. Que esos recuerdos, unidos a las ensoñaciones del protagonista y a las conversaciones y los sucesos más o menos triviales que nos cuenta, adquieran en conjunto algún significado y no se queden en una serie de gilipolleces (o, dicho de otra forma, en una tomadura de pelo) depende principalmente del talento del escritor, pero también, en gran medida, del grado de identificación que se establezca entre el lector y el protagonista. En mi caso, valoro la prosa melancólica y casi siempre bonita de Denton Welch, pero no he llegado a sentir complicidad con Orvil Pym en ningún momento. Así pues, y pese a todo lo que tienen en común, la novela de Salinger me ha conmovido todas las veces que la he leído, y la de Welch me ha aburrido bastante*. Aunque, eso sí, la escena final en el vagón de tren eleva un poco el nivel de todo el libro.

En la juventud está el placer también me ha hecho recordar El gran Meaulnes, pero creo que esta asociación está demasiado condicionada por la muerte también prematura de Alain-Fournier.

*Hay observaciones que no ayudan a mantener el interés: «Era alto, con una cara atractiva de color carne y un bigotito con una forma muy cuidada.» (p. 172)