Título: La versión de Barney
Título original: Barney’s Version
Autor: Mordecai Richler (1931 – 2001)
Año: 1997
Traductor: Miguel Martínez-Lage
Editorial: Sexto Piso
Páginas: 580
 
Valoración: 8 /10
 
 
 

Barney Panofsky es un judío afincado en Montreal que ha hecho fortuna como productor de lo que él mismo considera televisión basura. Un sesentón aquejado de ciática, con problemas de próstata y fallos de memoria cada vez más frecuentes; fumador de habanos; alcohólico; apasionado del hockey sobre hielo; sospechoso de asesinato (condición esta de la que no lo libró la absolución del jurado); empecatado; provocador; con tres fracasos maritales sobre los hombros…

Para entendernos: si Barney Panofsky fuera nuestro abuelo, apenas lo conoceríamos, porque nuestros padres habrían procurado mantenernos alejados de su influencia; si fuera nuestro padre, tendríamos contacto telefónico con él de cuando en cuando, pero eso después de habernos instalado con nuestra propia familia a una distancia prudente (trescientos kilómetros ya están bien; pero tres mil, mucho mejor); si fuera nuestro suegro, evitaríamos , incluso, cogerle el teléfono, y nos echaríamos a temblar cada vez que nuestro marido/nuestra esposa se sintiese en la obligación de invitarlo a pasar unos días en casa (suerte que a ese viejo ya no hay quien lo arranque de Canadá); si fuera nuestro amigo, habríamos demostrado, como mínimo, poseer un carácter fuerte, y seguramente ya nos habríamos pegado con él en alguna ocasión sin menoscabo de nuestra amistad; y si fuera nuestro marido… bueno, ese sería el peor de los casos, porque Barney es uno de esos tipos corrosivos que van desgastando poco a poco a todo el que tienen cerca, aunque se trate del amor de su vida (eso por no mencionar que es capaz de enamorarse perdidamente el día de su boda, y no precisamente de su esposa).

Pero se da la feliz circunstancia de que el lector de esta magnífica novela está fuera del radio de acción de su protagonista, lo que significa que puede ponerse cómodo y disfrutar de la irreverencia, la mordacidad, y también la bondad del incorregible Barney Panofsky, que ha decidido ofrecernos su versión de los hechos, y advierte que lo va a hacer «exactamente como le venga en gana»: esto es, yendo adelante y atrás en el tiempo para relatarnos caprichosamente momentos más o menos relevantes de su vida hasta llegar al día clave en la casa del lago.

Lo que Barney pretende conseguir, principalmente (aunque quizá sea más apropiado decir «inicialmente»), es convencer a todo el mundo de que él no mató a Bernard «Boogie» Moscovitz; probar que, de hecho, no tenía ningún motivo para hacerlo. Pero da tantos rodeos antes de abordar el asunto en cuestión, que el resultado es un repaso a buena parte de su vida: desde que se fuera a París a principios de los 50 para, rodeado de artistas pero sin llegar a sentirse uno de ellos, disfrutar de la bohemia, hasta que, cumplidos los 67 años, el Alzheimer lo inhabilita para seguir con el manuscrito; quedando su primogénito, Michael, encargado de acotarlo y de ponerle un colofón triste con sorpresa final incluida.

A la postre, el león es menos fiero de lo que parecía, y La versión de Barney no es tanto un ajuste de cuentas con el pasado como el autorretrato brutalmente sincero de un hombre que se siente, sí, culpable, pero no precisamente de lo que se le imputa.

Terminada la lectura, cuesta aceptar que este libro, con madera de clásico, no ha sido escrito realmente por Barney Panofsky, sino por un tal Mordecai Richler que ha tenido el buen gusto y el talento suficientes para desaparecer, dejándonos a solas con su personaje.