Literatura

Cuerpo – Harry Crews

Título: Cuerpo

Título original: Body

Autor: Harry Crews (1935 – )

Año: 1990

Traductor: Javier Lucini

Editorial: Acuarela y Antonio Machado

Páginas: 340

 

Valoración: 5 /10

 

Los caminos de Dorothy Turnipseed (una chica de Waycross, Georgia, que desea alejarse de Waycross, Georgia) y Russell «Músculo» Morgan (un culturista retirado de la competición que se dedica a preparar a otros) se encuentran el día que ella entra buscando trabajo en el gimnasio que él regenta, «El Emporio del Dolor». Russell la contrata sin prestarle demasiada atención, pero al cabo de unos días la saca de la oficina y la pone a entrenar con los demás porque considera que tiene una estructura ósea excelente: «Huesos como los tuyos aparecen una vez cada década, más o menos», le dice. «¿Quieres llegar a ser una campeona mundial? ¿Una auténtica campeona?».

Dos años después (momento en el que se sitúa el inicio de la novela; no crean que les he destripado nada), Dorothy, que ahora se hace llamar Shereel Dupont, y Russell están alojados en el hotel Blue Flamingo de Miami Beach, donde va a tener lugar el certamen para elegir a la nueva Miss Cosmos. Shereel es una de las dos grandes favoritas para hacerse con el título y Russell va a encargarse de que todo vaya como la seda en las horas previas al gran momento. Pero ninguno de los dos cuenta con la familia de Dorothy. «Un puto batallón de Turnipseed» irrumpe en el Blue Flamingo como salido de otro mundo (del sur de Georgia, concretamente), y Russell va a tener que hacer malabarismos para evitar que dos años de esfuerzo se vayan al traste en pocas horas.

He empezado diciendo que el camino de Dorothy se encontró con el de Russell, pero sería más correcto decir que se unieron para regalarse el uno al otro algo por lo que luchar; uno de eso objetivos que le dan sentido a toda una vida. Porque se entiende que lograr el título de Miss Cosmos sería un momento cumbre tanto en la vida de Shereel como en la de Russell.

Todo este asunto de tener un objetivo (el que sea) en la vida está muy bien, pero lo más interesante de Cuerpo es que hasta la página 130, más o menos, disfrutamos de una comedia ágil y bastante entretenida, con buenos diálogos y una especie extraña (los Turnipseed) causando estragos en un hábitat que no comprenden (el Blue Flamingo y el mundo del culturismo), con las situaciones hilarantes que esto conlleva. Es una lástima que, a partir de ahí, la narración se empantane en un par de capítulos protagonizados por Earline (hermana de Dorothy) y Bill Bateman (uno de los competidores); dos capítulos excesivamente largos y de un erotismo tosco (acorde con los protagonistas, claro está) que a algunos les parecerán muy originales; a mí me han aburrido y creo que ralentizan la historia, hasta el punto de que ya no vuelve a recuperar el ritmo del principio. Una lástima, insisto.

Wodehouse. El humor en estado puro.

P. G. Wodehouse

P.G. Wodehouse. 1904

Hace poco tiempo, di con una página dedicada por completo a P.G. Wodehouse. Lleva por título Sociedad de Fomento Los Zánganos, y en ella tres argentinos ponen a disposición de todo el mundo sus propias traducciones de cuentos y novelas del autor inéditas en español, a más de amplia información sobre lo que sí se ha editado. Todo apunta a que realizan esta labor por amor al arte (el arte de traducir a Wodehouse, en este caso; que, al decir de estos tres sujetos con pinta de bonachones, tiene su miga y no siempre se ha hecho con el mimo necesario). Este sitio es de visita (estancia) obligada para cualquier hispanohablante que disfrute con la prosa y los enredos del autor inglés. Muchas veces he intentado dar una buena explicación de por qué yo disfruto tanto con ellos, pero me resulta siempre complicado. Si no tuviera miedo a parecer cursi, diría simplemente que leer a Wodehouse me hace feliz, y dejaría el asunto más o menos zanjado.

En esta página, por fin, encontré la explicación perfecta. La da uno de sus creadores (Alejandro “Lord Belpher” Murgia), y les animo a que la lean entera. Yo voy a copiar aquí lo esencial:

«Tan acostumbrados estamos a que el humor se presente asociado a la malicia, a la ironía mordaz, a la irreverencia agresiva, o a esa velada arrogancia intelectual hija del desamor, que el luminoso mundo de Wodehouse resulta, para usar una palabreja de moda que le habría causado gracia, desestructurante: nos descoloca.

Pareciera que Wodehouse se hubiese propuesto tomar el humor y depurarlo meticulosamente de componentes espurios. Fuera todo lo que sea sarcasmo y escarnio: sarcasmo y escarnio tienen la apariencia del humor, pero su fondo es amargo. Fuera todo lo burdo y lo grosero, esa búsqueda de la carcajada fácil e insustancial que esconde páramos imaginativos. Fuera los juegos de palabras y los chistes, esas triquiñuelas del lenguaje que por afán de amenizar una narración la vuelven ripiosa.

Pareciera que imponiéndose a sí mismo tantas restricciones, Wodehouse ha de quedar arrinconado. ¿Qué queda del humor si le sacamos todo lo anterior? Pues bien, es difícil para mí discernir qué es lo que queda, pero allí está, brillando en la obra del buen Plum: yo lo denomino humor en estado puro. Un humor que no es contra nadie, un humor que nos reconcilia, que nos da alas, que aligera el corazón, que descorre por un momento el velo de los pesados nubarrones de esta vida para dejarnos atisbar un fragmento de cielo».