#Libros del Asteroide

Mi planta de naranja lima – José Mauro de Vasconcelos

Título: Mi planta de naranja lima

Título original: O Meu Pé de Laranja Lima

Autor: José Mauro de Vasconcelos (1920 – 1984)

Año: 1968

Traductor: Carlos Manzano

Editorial: Libros del Asteroide

Páginas: 205

 

Valoración: 8 /10

 

Zezé tiene sólo cinco años, pero quienes le conocen están de acuerdo en que es un niño precoz. Entre otras cosas, ha aprendido a leer sin que nadie le enseñe. O eso dice, al menos. Por eso su familia decide meterlo en la escuela antes de lo habitual. Bueno, por eso y porque así se lo quitan de en medio unas cuantas horas al día. Y es que Zezé es un pillastre que va de travesura en travesura hurtando el cuerpo a las zapatillas y los cinturones de sus padres y sus hermanas. De hecho, recibe tantas zurras y le llaman tantas veces «diablo», que acaba por creer que en verdad es el diablo quien le guía y que, pensándolo bien, nadie le quiere.

A Zezé le gusta cantar por dentro y por fuera, imaginar que es uno de sus héroes favoritos y hablar con animales y plantas; tiene un amigo murciélago que se llama Luciano y un tío Edmundo que es su principal fuente de conocimiento. También tiene una caja de madera con la que sale a limpiar zapatos por la calle cuando necesita algo de dinero para sus cosas, porque en su familia no andan sobrados y, para colmo, su padre se ha quedado sin trabajo, de modo que su madre y sus hermanas mayores trabajan todas las horas que pueden para intentar salir adelante. Al final, se ven obligados a mudarse a otra casa que tiene un patio y, al fondo del patio, un arbolito de naranja lima con una sola rama.

Libros del Asteroide ha recuperado, remozándolo con una nueva traducción a cargo de Carlos Manzano, este clásico de la literatura brasileña en el que José Mauro de Vasconcelos rememora su infancia en el seno de una familia pobre y numerosa.

Suelo recelar de las historias narradas desde la perspectiva de un niño, porque casi siempre adolecen de una carga de ingenuidad exasperante en la voz narrativa; pero, afortunadamente, Vasconcelos evita este error, y si algo puede hacer peligrar la paciencia del lector (aunque conmigo no ha ocurrido), es el lirismo con el que guía a éste a través de las primeras venturas y, sobre todo, las primeras desventuras de su personaje. Un lirismo al que no renuncia ni siquiera en los pasajes más crudos de la segunda parte.

Mi planta de naranja lima es la historia de un niño inteligente y extremadamente sensible que encuentra el primer amor verdadero donde menos lo espera. Un libro tan tierno y bonito que sólo puede empalagarte o conquistarte (y quizá depende, como casi todo, del momento en el que te coja).

A mí me ha conquistado. Ya me dirán qué tal les ha ido a ustedes.

Una temporada para silbar – Ivan Doig

Título: Una temporada para silbar

Título original: The Whistling Season

Autor: Ivan Doig (1939-)

Año: 2006

Traductor: Juan Tafur

Editorial: Libros del Asteroide

Páginas: 349

 

Valoración: 7 /10

 

Estamos en 1957. La Unión Soviética acaba de poner en órbita el Sputnik y el gobierno de EE.UU. considera necesaria una gran inversión en el programa espacial americano para no quedarse rezagados. Paul Milliron, superintendente de Instrucción Pública, ha sido elegido para comunicar a los maestros y a las juntas escolares de todas las escuelas unitarias de Montana que están entre los afectados por los recortes implícitos en esa gran inversión: esto es, deben echar el cierre. El encargo es especialmente enojoso para Paul porque él mismo estudió en una de esas escuelas. De hecho, lo encontramos recorriendo la casa donde se crió, en un paseo nostálgico que lo devuelve (y a nosotros con él) al otoño de 1909. Más concretamente, al día en que el padre de Paul, sentado con sus tres hijos a la mesa de la cocina, decidió contratar a una ama de llaves que pusiera algo de orden en esa casa un año después de haber perdido a la señora Milliron.

Lo que sigue es una historia de corte clásico; literatura que yo llamaría «de valores», en la línea de obras como Matar a un ruiseñor o, volviendo sobre esta misma editorial (que gusta de estas novelas, ¿y quién no?), como Adiós, hasta mañana, Me voy con vosotros para siempre, Cuatro hermanas y El río de la vida. Por eso sorprende que esta novela sea de 2006; que un autor norteamericano haya escrito esta historia tan amable en una época en la que vende mucho más la malicia, la sordidez y la obscenidad (al margen de la menor o mayor calidad de las obras). Claro que la fotografía de la solapa ayuda a entenderlo mejor. Me resulta fácil imaginar a ese barbas de aspecto entrañable viviendo en una cabaña aislada por la naturaleza; gastando la mayor parte del tiempo junto a un río, con una pipa entre los dientes y una caña de pescar en las manos; hurtándose a los nuevos tiempos.

Para ser justos, la novela de Doig quizá iguale e incluso supere a la de Chappell, pero se queda uno o dos escalones por debajo de las otras que he citado. Pero es que esas otras son palabras mayores, y bastante mérito tiene ya evocarlas. En todo caso, y pese a unos cuantos giros no demasiado brillantes hacia el final, Ivan Doig ha creado una historia y unos personajes de los que perduran en la memoria más tiempo del que suele ser habitual.

A merced de la tempestad – Robertson Davies

Título: A merced de la tempestad

Título original: Tempest-Tost

Autor: Robertson Davies (1913 – 1995)

Año: 1951

Traductora: Concha Cardeñoso Sáenz de Miera

Editorial: Libros del Asteroide

Páginas: 339

 

Valoración: 7 /10

 

Hector Mackilwraith, el personaje con más peso en esta novela coral, es un profesor de matemáticas respetado por todos (incluso por sus alumnos) que ha hecho de la planificación y el sentido común las guías de su vida. A los cuarenta años, y coincidiendo con la proposición de un ascenso al cuadro de examinadores del sistema provincial, más la perspectiva de un puesto en la Delegación Provincial de Educación («¡el paraíso musulmán de los maestros ambiciosos!»), el señor Mackilwraith se replantea su situación y decide que, si bien en lo laboral está logrando todo lo que quería, quizá ha descuidado un poco el aspecto social de su vida, de modo que difiere la decisión de aceptar el cargo y se las arregla para conseguir un pequeño papel en la obra de teatro que van a representar los aficionados del Teatro Joven de Salterton, del que es tesorero.

En esta obra también participa Griselda, la hija mayor del acaudalado George Alexander Webster (que se ve obligado a ceder su preciado jardín al grupo de aficionados), una joven atractiva de dieciocho años cortejada por varios jóvenes y que, como no podía ser de otra manera, se convertirá enseguida en el objeto de adoración de Hector. El problema es que éste, pese a tener muchos más años que los otros pretendientes, es también mucho más ingenuo e inexperto en esas lides y, en consecuencia, sufrirá más que ellos.

Si alguno de ustedes no cuenta con la garantía de haber leído anteriormente a Robertson Davies, y siente reparos (o, directamente, pánico, como yo) hacia las obras narrativas (ya sean cinematográficas o literarias) que giran en torno a otro arte, no debería alarmarse al leer la contraportada de este libro y ver que trata de un grupo de aficionados al teatro que se proponen representar La tempestad, pues esto no es más que un pretexto para juntar a un puñado muy variado de personajes en un ambiente bien conocido por el autor. La representación ocupa apenas unos pocos párrafos al final, así que no hay de qué preocuparse.

Davies debutó en la novela con esta obra, primera parte de lo que acabó siendo la Trilogía de Salterton, y lo hizo con mano firme. Claro que no era ningún jovencito bisoño. Tenía 38 años, experiencia de sobra como escritor en otros ámbitos (teatro, crítica, ensayo) y, para qué engañarnos, muchísimo talento. Además tuvo la prudencia de no acometer una obra ambiciosa. Decidió debutar con una comedia elegante y ligera. Una historia sencilla sobre un hombrecito vestido de gris que decide poner algo de color en su vida.

Desde que lo editó Libros del Asteroide, una de mis recomendaciones preferidas es El quinto en discordia. Fue lo primero que leí de Robertson Davies y uno de los libros más redondos que han aparecido por aquí en los últimos años. La historia de A merced de la tempestad no tiene el mismo nivel, pero leer a Davies es siempre un placer, porque su prosa alcanza un equilibrio casi milagroso entre riqueza y fluidez. Mejor dicho: la fluidez, en este caso, es fruto precisamente de la riqueza de la prosa y del talento de Davies para administrarla. Con el canadiense no cabe hablar de frases cortas o frases largas; cada una de sus frases tiene la medida y la cadencia necesarias para no llamar la atención.